Director: Jonathan Zuck Guion: James Kondelik, Ryan R. Johnson, Dick Grunert, Jonathan Zuck, Joe Leone Reparto: Alice Eve, Eric Michael Cole, Jim Klock Año: 2026
Cada verano trae su tanda inevitable de películas de tiburones, y cada verano hay una o dos que se rescatan y varias que se olvidan a los diez minutos de haberlas visto. "Chum" pertenece a la segunda categoría con márgenes tan amplios que casi merece su propia sub-categoría. Es una película que llega firmada por cinco guionistas, que hace la mayor parte de sus locaciones en Malta simulando el Mediterráneo, y que combina un tiburón CGI, un asesino en serie y una crisis matrimonial en 87 minutos sin lograr que ninguno de los tres elementos justifique haber estado presente. No es que "Chum" tenga defectos aislados en un cuerpo sólido, es que la película entera es defecto.
En "Chum" seguimos a una pareja de recién casados que celebra su boda en una isla del Mediterráneo y aprovecha la ocasión para una excursión en yate con amigos. Antes de zarpar ya vemos que entre los novios hay algo que no cuadra, que la ostentación de la boda contrasta con el estado real de la relación, y esa incongruencia es la primera de muchas. En cuanto el yate llega a mar abierto aparece un tiburón, el barco se incendia, y el grupo termina en el agua a merced de una segunda presencia humana que dice haberlos rescatado. A partir de ahí "Chum" intenta ser tres películas al mismo tiempo, y falla en las tres.
El sub-género en el que "Chum" intenta inscribirse es el del creature-feature de tiburones, una tradición que arranca con "Jaws" (1975) y que a esta altura se divide entre las películas que entienden que el mar es el verdadero antagonista, como "Open Water" (2003) o "The Reef" (2010), y las que usan al tiburón como excusa para acumular muertes gráficas. "Chum" quiere ser lo primero y termina siendo lo segundo, pero sin la honestidad de asumirlo. El tiburón se comporta como si estuviera pre-programado para atacar humanos, haciendo cosas imposibles solo para colocarse debajo del personaje que sigue vivo, y el diseño de sonido acompaña esa lógica de videojuego: los mordiscos suenan como si el animal estuviera comiendo una lechuga, no como si estuviera atravesando carne y hueso. Es un problema técnico y también un problema de intención.
El guion es donde la película se cae con más ruido. Cinco guionistas acreditados y ninguno parece haberse leído lo que escribió el otro. Los personajes están en pantalla todo el tiempo, pero existen únicamente para pronunciar los chistes que la película necesita; entre escena y escena no acumulan una identidad propia ni un rasgo que los distinga uno del otro. Se supone que son un grupo de amigos pero cada uno viene de una película distinta, con tonos y motivaciones que no dialogan entre sí. Los chistes están puestos en los peores lugares posibles y las actuaciones no consiguen defenderlos. Alice Eve, que ha demostrado en otras películas que puede sostener un papel dramático, aquí queda atrapada en un texto que no le da nada y en un tono que oscila entre el pastiche de comedia de horror y el thriller a secas. Los diálogos suenan artificiales de una manera muy particular, del tipo de artificialidad que aparece cuando un guion pasa por demasiadas manos y ninguna logró coherencia o al menos algo de competencia.
La subtrama ambiental es el elemento más obvio de esa dispersión. Uno de los novios es un ecologista militante y la otra parte de la pareja está por aceptar un puesto en una empresa con antecedentes de escándalos ambientales, y esa tensión se supone que es el motor emocional que la trama de supervivencia tiene que resolver. El problema es que la película no le da a ese conflicto ni un solo momento verdadero. Lo introduce en un par de líneas de diálogo, lo abandona por 70 minutos, y lo cierra al final con una decisión moral tan telegrafiada y tan poco ganada que se lee como una carta de intenciones pegada al final de otra película.
Técnicamente "Chum" es también un desastre. La edición mezcla tomas de cámara tradicional, de drone y material de archivo con una brutalidad que no se lee como estilo sino como falta de opciones: cada corte revela una calidad distinta de imagen, una iluminación distinta, una temperatura de color distinta, y la película no hace ningún esfuerzo por unificarlas. La música incidental está mezclada demasiado alta, tapa los diálogos, subraya lo que ya estaba claro y arruina los pocos momentos de silencio que la historia necesitaba. El CGI del tiburón se ve pixelado en varios planos y directamente falso en otros. En una era en la que "The Meg" logra un CGI convincente por su presupuesto y "The Shallows" logra un tiburón físico convincente por su ingenio, "Chum" no tiene ni el dinero ni la creatividad para justificar su propuesta visual.
Es difícil recomendarle "Chum" a alguien que no esté buscando específicamente una mala película para reírse. Los fanáticos del sub-género de tiburones tienen catálogo suficiente entre "Jaws", "The Reef", "The Shallows" y "47 Meters Down Uncaged" para no necesitar bajar a este piso. Quienes disfrutan del cine malo con conciencia, del bad-movie-club auténtico, quizás encuentren aquí material para una noche de burla organizada, pero incluso ese uso queda limitado porque la película no llega a ser lo suficientemente entretenida en su fracaso. Es tan mala como "The Requin" o "Deep Blue Nightmare", solo que sin la excusa del bajo presupuesto: aquí había cinco guionistas, una estrella de reparto reconocible y una locación real en Malta, y aún así el resultado es este.
Rating: 1/10
Final Explicado (Spoilers a continuación)
El motor secreto de la trama de "Chum" es el hombre que rescata a los sobrevivientes tras el naufragio, un pescador local del Mediterráneo que finge estar en el lugar correcto por accidente. En realidad lleva años cazando al tiburón que mató a su esposa en un ataque previo, y su plan al recoger al grupo no es salvarlos sino usarlos como carnada, como el título en inglés anuncia sin sutileza. La revelación de esa intención llega a mitad de la película y no cambia nada porque la película nunca construyó a los amigos como personajes lo suficientemente sólidos para que su condición de carnada tenga peso emocional; son cifras que uno espera ver morir.
La resolución del conflicto principal ocurre cuando la pareja recién casada, después de perder a varios de sus amigos entre los mordiscos del tiburón y las manipulaciones del pescador, consigue neutralizar al villano humano y arrojarlo al agua. El tiburón, que había pasado toda la película persiguiendo a humanos aleatorios, esta vez sí actúa como cazador con memoria: reconoce al pescador que lo estaba cazando y termina la venganza cruzada devorándolo. La pareja logra volver a la costa con vida y la película cierra con lo que se supone es su reconciliación emocional.
La coda ambiental es el gesto final. La esposa, que estaba por aceptar el puesto en la empresa con antecedentes de impacto ambiental, decide no solo rechazarlo sino además exponer públicamente los abusos ambientales de la compañía. Es la conversión moral que la trama de supervivencia se supone que ganó, pero como se dijo antes, el conflicto ambiental había sido tratado en tan pocos minutos y con tan poca profundidad que la decisión se siente impuesta desde afuera. La lectura que la película propone es que el enfrentamiento con la muerte le devuelve a la protagonista sus valores originales, pero el subtexto real es que los guionistas necesitaban un cierre temático y eligieron el más obvio disponible.
Nada en el final de "Chum" sorprende. Todo lo que la película insinúa en su primer acto se cumple en el orden esperado, todos los personajes secundarios mueren en el orden más previsible, y el mensaje ambiental queda expuesto con la elegancia de una pancarta. Es el tipo de cierre que confirma, en lugar de matizar, la sensación general del film.

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