Director: Michael Mohan Guion: Andrew Lobel Reparto: Sydney Sweeney, Álvaro Morte, Simona Tabasco, Benedetta Porcaroli, Dora Romano Año: 2024
El cine de monjas es uno de los rincones más transitados y menos arriesgados del horror religioso. La fórmula casi siempre es la misma: pasillos oscuros, un convento con secreto, una figura que aparece al fondo del encuadre y un golpe sonoro cada diez minutos. "Immaculate" llega a ese territorio con la intención evidente de no jugar ese juego, y aunque no logra escaparse del todo de las convenciones del sub-género, la decisión de cambiar el susto por la sangre le da una identidad que la mayoría de sus contemporáneas no tienen.
En "Immaculate" seguimos a Cecilia (Sydney Sweeney), una joven estadounidense que llega a un convento en la campiña italiana para tomar los hábitos. La bienvenida es cálida y el lugar parece ofrecerle exactamente la vida contemplativa que había ido a buscar. Al poco tiempo de instalarse, Cecilia queda embarazada. Los exámenes que le practican confirman que sigue siendo virgen, y a partir de ese resultado la comunidad entera empieza a tratarla de otra manera: si no hubo hombre, entonces lo que carga es una concepción inmaculada y ella es la elegida. Cecilia pasa de novicia anónima a centro de veneración del convento en cuestión de días, y desde ese momento las cosas a su alrededor empiezan a comportarse de forma extraña.
El sub-género es el horror religioso de convento, y la referencia obligada es "Rosemary's Baby" (1968) de Roman Polanski: la mujer embarazada rodeada de una comunidad amable que sabe bastante más de lo que dice, el cuerpo propio convertido en territorio que otros administran. Lo curioso es que "Immaculate" llegó a los cines en marzo de 2024, apenas semanas antes que "The First Omen", que comparte casi la misma premisa de monja y embarazo. La comparación es inevitable y no siempre le favorece: "Immaculate" es más directa y menos sofisticada en su construcción. Donde sí se separa con claridad es de la línea de "The Nun" y del horror de convento marca Conjuring. Acá no hay sustos dosificados con metrónomo ni siluetas al fondo del plano. Michael Mohan apuesta por el gore, y esa sola decisión la vuelve más interesante que casi todo lo que este rincón del género ha producido en la última década.
Los efectos prácticos son el mejor argumento técnico del film. Las escenas más fuertes están resueltas con trabajo físico, se ven realistas y sobre todo se ven incómodas, que es exactamente lo que el material necesitaba. No está esa capa digital que suaviza el impacto y que arruina tantas películas de este tipo. Sydney Sweeney ("Nocturne") sostiene la película con una progresión física que la historia le exige, y Álvaro Morte ("Nuns Deadly Confession") aporta como el padre Sal Tedeschi una contención que le da peso a todo lo que su personaje va pidiendo. La fotografía y la música acompañan bien, sin llamar la atención sobre sí mismas.
Temáticamente la película trabaja el fanatismo religioso desde un ángulo que no es habitual: la mezcla de ciencia y religión. Esa combinación se arma mejor de lo que uno esperaría y el resultado se sostiene como relativamente creíble, que no es poco tratándose de un cruce que suele salir ridículo. El punto de fondo, eso sí, no es nuevo. Gente que dice actuar en nombre de Dios haciendo exactamente lo contrario de lo que su doctrina ordena es un patrón que la historia real repite hace siglos y que el horror religioso ha trabajado muchas veces, desde "Saint Maud" (2019) hacia atrás. Lo que "Immaculate" aporta es el envoltorio, no la tesis.
Donde la película flaquea es en el ritmo, que se arrastra durante buena parte del segundo acto, y en algunos tramos donde se le acaba la originalidad y recurre a movimientos que cualquier espectador de horror religioso reconoce de memoria. Son 89 minutos y aun así se sienten irregulares, lo cual dice algo sobre cómo está distribuido el material. Y después está el final, que es lo mejor que tiene por un margen enorme. Sin adelantar nada: es brutal, es inesperado, y está filmado en una sola toma sostenida que le da una intensidad que el resto del metraje nunca alcanza. Es de los cierres más contundentes que ha dado el horror reciente.
Los que buscan horror religioso con efectos prácticos fuertes y no le tienen miedo a la sangre van a encontrar aquí bastante más de lo que el cine de monjas suele ofrecer. Los que prefieren el terror atmosférico, el susto construido con paciencia y la sofisticación de "The First Omen" van a notar que "Immaculate" es más simple y menos elegante. Yo la disfruté con reservas sobre el ritmo, y creo que el último acto justifica el viaje entero.
Rating: 7/10
Final Explicado (Spoilers a continuación)
El secreto del convento no es sobrenatural, es de laboratorio. Uno de los sacerdotes lleva años dirigiendo un proyecto científico a partir de una reliquia: un clavo de la crucifixión de Cristo con restos de sangre. De esa sangre extrajeron ADN, y con ese material el sacerdote ha estado intentando devolver al hijo de Dios a la tierra por la vía de la gestación. Ha fracasado muchas veces. Cecilia no fue casualidad: la habían observado desde antes de su llegada y la eligieron para llevar el embarazo a término.
Conviene marcar el cabo suelto más visible del guion de Andrew Lobel: el sacerdote menciona que lleva unos treinta años en esto, y la película nunca explica cómo una muestra de sangre seca sobre un clavo pudo sostener tres décadas de experimentos. Es el tipo de detalle que se perdona mientras la película avanza y que queda pendiente al salir.
El final es la mejor escena de la película. Cecilia da a luz, cubierta de sangre, en una toma sostenida sin cortes, y lo primero que hace con el recién nacido es tomar una roca y matarlo. La película deja abiertas dos lecturas y no resuelve ninguna. La primera: que este era otro experimento fallido, porque nunca se nos muestra si el bebé era sano o siquiera normal. La segunda, más interesante: que da igual lo que fuera. Para Cecilia ese bebé no es el hijo de Dios, es el producto de lo que le hicieron, y negarle espacio para crecer es negar todo lo que el fanatismo del convento le impuso.
Ese gesto es el punto final de un arco que la película construye con cuidado. Cecilia llega tímida, correcta, obediente, y a medida que avanza el metraje hace cosas cada vez más contrarias a lo que ella era: recurre a la violencia, mata a una monja, intenta quemar al sacerdote, termina clavándole el clavo en el cuello. Mientras su violencia sube, su convicción religiosa baja, y las dos líneas se cruzan exactamente en la escena del parto.
Pero hay una distinción que la película sostiene bien. Cecilia nunca renuncia a Dios. Al contrario: les dice en la cara que esto no es obra de Dios, y le dice a otra monja que Dios jamás la va a perdonar por lo que está haciendo. Lo que abandona no es la fe, es la iglesia. Y son dos cosas muy distintas.

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