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sábado, 29 de agosto de 2026

Weapons (2025): Reseña y Final Explicado

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Director: Zach Cregger Guion: Zach Cregger Reparto: Julia Garner, Josh Brolin, Alden Ehrenreich, Amy Madigan, Benedict Wong, Cary Christopher Año: 2025

Después de "Barbarian" en 2022, la pregunta que quedaba abierta sobre Zach Cregger no era si podía volver a hacer una buena película de horror, sino si podía repetir la audacia estructural sin caer en la copia. "Weapons" es la respuesta más contundente que uno podía esperar. Es la película que confirma a Cregger no como un director de una idea afortunada, sino como un narrador que entiende la forma tan bien como el contenido, y que está construyendo un tipo de horror que ningún contemporáneo suyo está haciendo con la misma consistencia. Es también, sin discusión, una de las mejores películas del género en los últimos años.

En "Weapons" seguimos la desaparición de un grupo de niños de un pueblo, todos alumnos de una misma clase, todos desaparecidos la misma noche a la misma hora, sin explicación y sin rastro. Uno solo se queda: Alex (Cary Christopher). El resto de la clase se ha ido. La película no cuenta esta historia de manera lineal. Está dividida en capítulos, y cada capítulo se ancla en un personaje distinto conectado al evento; a través de las cuatro perspectivas vamos armando lo que realmente pasó esa noche. Es el tipo de estructura que uno espera de un thriller de autor, no de un horror de estudio, y Cregger la usa con una confianza que rara vez se ve en su segunda película.

El primer aspecto notable de "Weapons" es esa decisión estructural. Contar el mismo evento desde cuatro perspectivas independientes le permite a Cregger evitar el desgaste que suele venir con un solo protagonista. Cuando un capítulo se estanca, el siguiente entra con energía nueva. Es un pariente lejano de la construcción no lineal que popularizó "Pulp Fiction" en los noventa, aplicada a un horror que en manos de otro director hubiese sido una investigación policial convencional. Los cuatro personajes que Cregger sigue comparten una constante: tres de los cuatro cargan con problemas de adicción, alcoholismo, o codependencia. El trauma como motor de la peor decisión posible es un hilo que atraviesa toda la película, y termina siendo tan central como el misterio de los niños desaparecidos.

01 / 02La estructura por capítulos permite que cada personaje construya su propia versión del horror.

Donde la estructura tropieza es en el primer capítulo. Justine, interpretada por Julia Garner, es el personaje al que menos empatía uno le puede tener. Sus decisiones son sistemáticamente frustrantes, y hay un momento en el primer acto donde uno se pregunta seriamente si va a tener que soportar dos horas con ella. Afortunadamente el corte estructural la aparta a tiempo, pero es el único tramo de "Weapons" que se siente lastrado por su protagonista. Es también, curiosamente, un problema que se parece al que Cregger creó a propósito con AJ en "Barbarian": un personaje diseñado para que uno no lo quiera. La diferencia es que en Barbarian ese distanciamiento estaba al servicio de la tesis moral del film; aquí se siente más como una fricción sin recompensa.

Y luego está Gladys. Amy Madigan entrega uno de los villanos más memorables del cine de horror reciente. Es una mujer vieja, aparentemente vulnerable, con un comportamiento excéntrico que oscila entre lo gracioso y lo perturbador, con el pelo rojo brillante, el maquillaje exagerado, y una ropa de colores estridentes que casi le da un aire de payaso. Es imposible no pensar en la genealogía de Pennywise cuando uno la ve por primera vez, y no me parece casualidad. Cregger toma la iconografía del payaso como villano y la desplaza hacia una figura más humana, más ambigua, más difícil de clasificar. Gladys no es un monstruo evidente; es una anciana que llega a la casa correcta en el momento correcto, y todo lo que ocurre después es consecuencia de eso.

02 / 02Amy Madigan entrega uno de los villanos más memorables del horror reciente.

El sub-género de brujería en el cine reciente ha tendido hacia lo estético (la Suspiria de Guadagnino, "The Witch" de Eggers) o hacia lo genérico. Cregger recupera algo que el sub-género había perdido: el peligro de que la bruja se parezca demasiado a alguien que uno conocería. Gladys se ve rara desde el primer plano; la pregunta que Cregger sostiene no es si algo anda mal con ella, sino qué tipo de mal es. Ni monstruo evidente ni fachada normal, la película se niega a decidirse en categoría por buena parte del metraje, y esa negativa a resolver la ambigüedad temprano es lo que hace que su presencia gane peso escena a escena. Es escritura visual del tipo que la mayoría de las películas de horror ya no se atreve a hacer.

Cregger también entiende, como en "Barbarian", que el horror aguanta el humor negro sin diluirse. Hay varios momentos en "Weapons" donde el chiste aparece dentro de la gravedad de la escena, y en lugar de romper el tono, lo intensifica. Y hay guiños al espectador atento: Justin Long y Sara Paxton, ambos alumnos de "Barbarian", reaparecen aquí como una pareja de padres de uno de los niños desaparecidos. No es una casualidad de casting, es Cregger consolidando un elenco recurrente y firmando la pertenencia de "Weapons" a un universo autoral que empieza a definirse.

"Weapons" es la mejor película de horror del 2025, y una de las mejores del cine reciente. Los fanáticos de "Barbarian" van a encontrar aquí a un Cregger más ambicioso, más pulido, y más dispuesto a confiar en la inteligencia del espectador. Los que buscan explicaciones cerradas van a sentir cierta incomodidad con lo que la película elige no responder, pero esa incomodidad es la firma. Es la película que uno quiere ver de nuevo apenas terminan los créditos, con la certeza de que va a encontrar cosas que se le escaparon la primera vez. No tengo palabras suficientes de admiración para lo que Cregger ha hecho aquí.

Rating: 10/10


Final Explicado (Spoilers a continuación)

Gladys (Amy Madigan) es la responsable de la desaparición de los niños, y el mecanismo es brujería. La película nunca lo dice con esas palabras, pero lo muestra sin ambigüedad. Gladys llega a la casa de los padres de Alex enferma, débil, casi consumida, y a partir de ese momento empieza a controlar a los adultos que la rodean usando objetos personales de sus víctimas. Los niños de la clase de Alex ya habían sido su primer contingente, atraídos y guardados por métodos que la película tampoco explica del todo. Lo importante es lo que le hacen a Gladys: cada persona que ella posee la fortalece. Empieza calva y termina la película con el pelo completo. Empieza moribunda y termina caminando por su cuenta y hasta corriendo. Es una rejuvenecedora por consumo, y los niños fueron su fuente inicial.

Lo que Cregger elige no responder es más interesante que lo que responde. Nunca queda claro qué es Gladys, exactamente. ¿Una bruja tradicional en el sentido de folk horror? ¿Una entidad sobrenatural con forma humana? ¿Algo demoníaco disfrazado? La película omite estas respuestas a propósito, y cuando llega el momento en que Gladys es derrotada, deja abierta otra ambigüedad crucial: no todos los que estaban bajo su hechizo vuelven a la normalidad. Algunos regresan de inmediato, otros se quedan a medio camino, atrapados en un estado que ya no es de posesión pero tampoco es del todo suyo.

Ese detalle final es donde la película deposita su lectura temática más dura. Cregger no está haciendo solamente una película sobre brujería y niños perdidos; está haciendo una sobre lo que el trauma deja atrás. Cada uno de los personajes que seguimos en los capítulos previos ya venía cargando con daños difíciles de curar antes de que Gladys llegara al pueblo, y el hechizo de Gladys no hace más que amplificar patrones que ya estaban en marcha. La pregunta que la película termina haciendo no es si Gladys es real o sobrenatural, es qué se recupera y qué no cuando el trauma se retira. Algunos vuelven. Otros ya no pueden volver del todo. Y en ese margen, "Weapons" encuentra su golpe más honesto: hay pérdidas que no se revierten por más que uno derrote a lo que las causó.

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