Director: Jeff Wadlow Guion: Aja Gabel, Myung Joh Wesner y Jeff Wadlow Reparto: Kathryn Newton, Lana Condor, Nico Hiraga, Gavin Casalegno, Tommi Rose, Tayme Thapthimthong Año: 2026
Ya me habían advertido sobre esta película y aun así decidí verla. Después de "Chum" pensé que ya había visto lo peor que el cine de tiburones podía ofrecer este año, y aunque "The Devil's Mouth" no llega a ese nivel de desastre, tampoco queda tan lejos como debería. Es una película de criaturas con una localización preciosa y un problema que ninguna cantidad de escenografía puede arreglar: no hay una sola persona en pantalla por la que valga la pena preocuparse.
En "The Devil's Mouth" seguimos a Sara (Kathryn Newton) y a un grupo de amigos que viajan de vacaciones a Tailandia. Entre las actividades que tienen planificadas está explorar un sistema de cuevas con agua subterránea, y la película se toma su tiempo estableciendo por qué ese lugar significa algo para Sara: su padre falleció hace poco, la espeleología era una de las cosas que él más disfrutaba, y hablaba de esas cuevas como si fueran un sitio al que había que ir. Es un anclaje emocional que la película menciona una vez al principio y luego no vuelve a tocar en ningún momento, lo cual dice bastante sobre el interés real del guion por sus personajes.
El sub-género es el de tiburones en espacio cerrado, y la comparación obligada es "47 Meters Down: Uncaged" (2019), que hace exactamente esto mismo con cuevas sumergidas y lo hace mucho mejor. Aquella era bastante menos realista, pero construía la tensión con oficio y lograba que importara quién salía vivo. Acá pasa lo contrario. La primera mitad entera está dedicada a que el espectador se encariñe con este grupo, y el resultado es el opuesto: son personas que hacen tantas estupideces evitables que uno termina del lado del tiburón. El problema se concentra en Max (Lana Condor), la amiga tóxica y manipuladora que siempre necesita la última palabra y siempre impone lo que quiere; los demás se quejan, no están de acuerdo, y la siguen igual. Cada desgracia del film sale directamente de una decisión suya, tienen varias oportunidades de corregir el rumbo, y cada vez eligen peor.
Las actuaciones no ayudan a levantar el material. Kathryn Newton, que en otras películas ha demostrado que puede sostener un protagónico, acá parece tener una sola expresión: hay escenas donde están ocurriendo cosas horribles y su cara sigue en un registro casi risueño, completamente desconectado de lo que la escena pide. Es el tipo de desajuste que saca al espectador de la película justo cuando el film más necesita que se quede.
Lo que sí funciona es el lugar. No sé si el sistema de cuevas se filmó en una locación real o se construyó en estudio, pero se ve hermoso, y la geografía aporta algo de claustrofobia genuina: hay poco espacio, y el poco que hay suele ser agua, que no es precisamente el terreno del ser humano. La película también hace un trabajo decente explicando cómo un tiburón terminó dentro de ese sistema. Donde la explicación se cae es en el después. El animal se mueve por las cuevas como si se las conociera de memoria, y un ecosistema así no tiene ni de lejos la biomasa para sostener a un depredador de ese tamaño durante el tiempo que esa familiaridad implicaría. Que entrara por error es creíble; que lleve viviendo ahí lo suficiente para dominar el terreno, no.
En el terreno del horror la película ofrece poco. Los ataques son sencillos, la tensión nunca termina de apretar, y prácticamente todo lo que se ve acá ya se vio antes y mejor en el resto del sub-género. Varias de las muertes son directamente tontas y poco creíbles. Y aunque hay algunas tomas del tiburón que se defienden, en la mayoría se nota demasiado que estamos viendo un animal digital, lo cual en una película de criaturas es un problema de fondo y no de acabado.
Los que coleccionan cine de tiburones y ya vieron todo lo demás del sub-género van a encontrar acá una localización bonita y poco más. Los que buscan la tensión de "47 Meters Down: Uncaged" van a salir con la sensación de haber visto un guion que nunca decidió si le importaban sus personajes. "The Devil's Mouth" y "The Requin" son el mismo desastre con distinta postal: dos películas de tiburones sin personajes, sin tensión y sin una sola idea propia, de las que no se salva nada excepto el paisaje. A la película le doy los puntos que le corresponden por la escenografía, que es genuinamente atractiva, y poco más allá de eso.
Rating: 3/10
Final Explicado (Spoilers a continuación)
La segunda mitad arranca cuando el grupo ya está dentro del sistema de cuevas y empiezan las muertes. El primero en caer es uno de los amigos cuya relación con el resto nunca queda del todo establecida, y detrás de él su novia, otra de las amigas de Sara que tampoco aporta gran cosa a la trama. Después muere el guía turístico que los había llevado hasta ahí, el mismo que les había advertido varias veces que tenían que salir y que no podían seguir adentrándose. Siguieron adentrándose de todas formas, por decisión de Max.
Quedan Sara, Max y el novio de Max, y con ellos se instala una tensión que la película nunca resuelve: los otros dos culpan a Max de todo lo que ha pasado, ninguno se lo dice a la cara, y Max sigue siendo quien toma las decisiones pese a que sus decisiones son exactamente lo que los llevó hasta ahí. Mientras huyen del tiburón por una ruta que creen que los saca de la cueva, el novio de Max queda atrapado bajo las piedras.
Sara y Max terminan, después de dar toda la vuelta, exactamente en el mismo punto donde empezaron. La única salida es escalar un acantilado, y del otro lado hay una caída considerable con piedras al fondo, así que deciden esperar a que suba la marea. Max está malherida y no está en condiciones de escalar, pero se empeña, y Sara, en lugar de negarse, la ayuda a subir. El tiburón la ataca y la mata en el intento, y en el proceso arrastra a Sara, que logra soltarse y termina rompiendo una piedra inestable que cae sobre el animal y lo mata.
La última escena muestra a Sara saliendo de la cueva y celebrando haber sobrevivido, y ahí es donde el cierre se desajusta del todo. Esta mujer acaba de presenciar la muerte de cuatro personas cercanas, incluida la amiga a la que acababa de ayudar a escalar. La reacción coherente sería el trauma, no la euforia. Es un final genérico que deja sin resolver todas las tensiones que la película había intentado construir, y que confirma el problema de fondo: el guion nunca supo qué quería que sintiéramos por esta gente.

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