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sábado, 12 de septiembre de 2026

El Pasajero del Diablo (2026): Reseña y Final Explicado

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Director: André Øvredal Guion: T. W. Burgess, Zachary Donohue Reparto: Jacob Scipio, Lou Llobell, Melissa Leo, Joseph Lopez, Miles Fowler, Alan Trong Año: 2026

Hay premisas que se caen antes de empezar, y a mí "El Pasajero del Diablo" se me cayó ahí. La idea es que existe una entidad que se pega a la gente que va en carretera y comete el error de detenerse, generalmente de noche. Escrito así ya suena frágil, y la película nunca hace el trabajo de convencerte de lo contrario. Ese es el problema de fondo: todo lo que viene después depende de que uno acepte esa regla como algo inquietante, y si no la aceptas, no queda mucho.

En "El Pasajero del Diablo", estrenada en su idioma original como "Passenger", seguimos a Maddie (Lou Llobell) y Tyler (Jacob Scipio), una pareja que decide dejarlo todo atrás, salir de la vida cotidiana en Nueva York y mudarse a un vehículo de camping para vivir en carretera mientras recorren Estados Unidos. La aventura dura poco. En el camino se topan con un hombre que acaba de tener un accidente de tránsito, se detienen a ayudarlo, y ese gesto es el error. A partir de ahí la película es el intento de los dos por averiguar qué se pegó a ellos y cómo se lo quitan de encima.

El sub-género es el del demonio de carretera, y es un territorio que ha dado cosas buenas cuando alguien se toma en serio la geografía: la carretera como lugar donde nadie te oye, donde detenerse es exponerse. "Passenger" tiene el mapa y no lo usa. La estructura es completamente lineal, uno adivina cada movimiento con bastante antelación, y el horror descansa casi por entero en los jumpscares. Hay que decirlo: los jumpscares están bien hechos. Están bien colocados y funcionan. El problema es que son lo único que genera tensión, y cuando un film depende de un solo recurso, ese recurso se agota.

01 / 02La carretera como lugar donde nadie te oye y detenerse es exponerse.

El guion tampoco ayuda a los personajes, y las actuaciones no los rescatan. Ni Maddie ni Tyler llegan a importar demasiado, y el trabajo de los protagonistas se mueve entre lo pasable y lo flojo: hay tramos que se sostienen y otros donde la entrega se siente plana, sin la convicción que una historia así necesita para que uno llegue a temer por ellos. Uno termina viéndolos resolver un problema sin haber invertido en que lo resuelvan.

Lo que más frustra es que sí hay ideas. Hay escenas que arrancan con potencial real, con una imagen o una situación que promete algo, y todas terminan ahogadas en clichés de horror que las desactivan antes de llegar a ningún lado. El diseño de la criatura entra en la misma categoría: visualmente tiene cosas interesantes, y al mismo tiempo se nota cuánto toma prestado del catálogo de criaturas que ya hemos visto. Aporta poco a un rubro donde el género lleva décadas construyendo.

02 / 02El diseño de la criatura tiene cosas interesantes y demasiado prestado.

André Øvredal, que dirigió "Scary Stories to Tell in the Dark" (2019), sabe manejar la puesta en escena y eso se nota en los momentos sueltos que funcionan. Pero la película no tiene alma, y ninguna competencia técnica compensa eso. Se parece más a "Vivarium" (2019) en la forma que en el fondo: una pareja que arma un plan de vida y queda atrapada dentro de él, salvo que allá la trampa era la idea entera y acá es apenas el punto de partida.

Los que necesiten poco más que sustos bien cronometrados van a pasar un rato aceptable. Los que busquen una película de horror con algo que decir, o al menos con una premisa que sostenga el peso que le ponen encima, van a encontrar exactamente lo que yo encontré: una película sosa, en la trama y en los personajes. Terminé sin mucho más que decir sobre ella, y honestamente creo que eso es la peor señal que puede dar una película de horror.

Rating: 4/10


Final Explicado (Spoilers a continuación)

El final es tan genérico como el resto, y llega por el atajo más viejo que hay.

Maddie y Tyler terminan en un campamento de gente que vive en trailers, y allí se encuentran con una mujer (Melissa Leo) que resulta saber absolutamente todo sobre la entidad: qué es, cómo funciona, y qué hay que hacer para acabar con ella. Es el personaje que aparece a explicar la película, y está traído por los pelos incluso para los estándares del sub-género. La información que hasta ese momento la pareja no había podido conseguir por ningún medio se entrega completa, de una sentada, porque el guion necesita llegar al tercer acto.

Lo que les dice es que la única forma de derrotar al pasajero es ir a una iglesia de San Cristóbal, el santo patrono de los viajeros, y les indica más o menos hacia dónde. La conexión temática funciona sobre el papel: una entidad que caza gente en tránsito, un santo que protege a los que viajan. Es probablemente la mejor idea que tiene el film, y llega demasiado tarde y demasiado explicada para que rinda.

Ya en la iglesia, el demonio se presenta y los enfrenta. Maddie y Tyler consiguen engañarlo y atravesarlo con una lanza que forma parte de la estatua del santo, y la criatura se desintegra.

El cierre sugiere que la pareja abandona la idea de vivir en carretera y se decide por un lugar estable. No hay giro, no hay ambigüedad, no hay nada que interpretar: el film cumple el trámite y se va. Es un final al punto, coherente con la película, y tan soso como ella.

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