Director: Dan Trachtenberg Guion: Patrick Aison Reparto: Amber Midthunder, Dakota Beavers, Michelle Thrush, Stormee Kipp, Julian Black Antelope, Dane DiLiegro Año: 2022
La franquicia de Predator llevaba años sin dar en el blanco. Después de una serie de películas que no cumplieron con lo que prometían, y tras un periodo bastante largo sin nada nuevo sobre la criatura, "Prey" apareció casi sin ruido y superó todas las expectativas. Lo interesante es que no lo hace rehaciendo nada. No es un remake ni una continuación: es una mirada completamente distinta sobre un personaje que ya creíamos agotado, y funciona precisamente porque cambia la pregunta. En vez de preguntarse cómo derrotar al depredador, se pregunta qué significa cazarlo.
En "Depredador: La presa", estrenada en su idioma original como "Prey", seguimos a Naru (Amber Midthunder), una joven comanche que quiere que la reconozcan como cazadora. En su tribu la caza no es algo que las mujeres tengan prohibido, pero sí es un terreno que se inclina hacia los hombres, y Naru lleva tiempo intentando demostrar que sirve para eso sin conseguirlo. Mientras tanto, una criatura llega a la región y empieza su propia cacería. Naru es la primera en notar que hay algo ahí fuera, y también la primera en entender que ese algo es mucho más peligroso que cualquier cosa que ellos hayan cazado antes.
El sub-género es el horror de supervivencia contra un depredador superior, y las referencias de catálogo más cercanas son "The Descent" (2005), donde un grupo de mujeres queda atrapado en el terreno que favorece a la criatura, y "Crawl" (2019), que también entiende que un animal más eficiente que uno no se vence de frente. La diferencia acá es el desnivel tecnológico. El depredador no solo es más fuerte y más rápido: viene de otro lugar y trae herramientas que los comanches no tienen forma de anticipar, y el film construye esa asimetría con paciencia.
La mejor decisión de "Prey" es dedicar buena parte del metraje a mostrar lo eficaz que es la criatura antes de ponerla frente a Naru. La vemos cazar animales más grandes que ella, en mayor cantidad, y hacerlo con una facilidad que impresiona. No es un monstruo que aparece para matar humanos: es un cazador trabajando, y el film nos obliga a evaluarlo como tal. Cuando por fin queda claro cuánta desventaja tiene la tribu, la tensión ya no depende de ningún susto, depende de aritmética.
Y ahí está el acierto de Naru como personaje. El cine suele construir al cazador sobre la fuerza y la ausencia de miedo, y Naru no tiene ninguna de las dos cosas. Lo que tiene es cabeza: observa, planifica, prueba, corrige. La película se toma el tiempo de sembrar cada una de esas capacidades en momentos pequeños, de modo que cuando llega el enfrentamiento nada se siente regalado. Le cree uno que gane, porque uno la vio aprender.
Hay además una decisión de producción que hay que reconocer: buena parte del elenco es de ascendencia nativa americana, y en varios tramos se usa la lengua de la tribu. No es decorado. Le da a la película una textura que el género rara vez se molesta en buscar.
Donde "Prey" pierde puntos es en los efectos digitales. La película depende mucho de ellos, cosa que se entiende porque no hay otra manera de conseguir lo que necesita, pero la calidad no siempre acompaña y en varios momentos se nota demasiado. Y hay un par de escenas donde el film se acobarda: monta la violencia y luego tapa justo lo que debería mostrar. No sé si la decisión fue no ser demasiado gráficos o si fue una forma de esconder las limitaciones de los efectos. Sospecho lo segundo, y en una película que el resto del tiempo es bastante frontal con la violencia, ese pudor selectivo llama la atención.
Los que hayan quedado decepcionados con los últimos intentos de la franquicia van a encontrar acá la mejor versión de esta criatura en décadas. Los que sean muy exigentes con los efectos digitales van a tropezar con lo mismo que yo. A mí me parece que "Prey" se pone al nivel de la Predator de 1987 en cuanto a disfrute puro. La original conserva más mérito, porque trajo un concepto nuevo y una ejecución que se puede argumentar que estaba adelantada a su tiempo, pero esta agarra un personaje popular, lo mira desde otro ángulo y lo revive.
Rating: 9/10
Final Explicado (Spoilers a continuación)
Naru sale a buscar a la criatura acompañada de otros miembros de la tribu, y la película no le concede compañía por mucho tiempo: ninguno de ellos sobrevive. Entre esas pérdidas está su hermano Taabe (Dakota Beavers), que muere a manos del depredador después de haber sido, durante todo el metraje, el cazador que la tribu sí reconocía.
Lo que sostiene el final es lo que Naru va acumulando en cada encuentro. No gana fuerza ni consigue un arma mejor: aprende cómo opera la criatura. Entiende qué detecta y qué no, dónde están los límites de esa tecnología que parecía absoluta, y convierte cada observación en una pieza utilizable. La película había pasado dos actos enseñándonos a evaluar al depredador como cazador, y en el tercero le entrega esa misma evaluación a Naru.
El enfrentamiento final se resuelve con eso. Naru no se impone por potencia sino por diseño: usa lo que aprendió, lo combina con la forma de cazar que llevaba toda la película intentando validar, y mata a la criatura.
El cierre es lo que le da peso a todo. Naru regresa a la tribu con la cabeza del depredador, y ese gesto hace dos cosas a la vez. Venga a Taabe y a los demás que murieron, y demuestra de la manera más incontestable posible que ella sí sirve como cazadora. No hay mejor prueba disponible: la criatura había estado matando animales mucho más grandes que ella y había acabado con los mejores cazadores del grupo. Naru la venció sin ser ninguna de esas cosas.
Es un final directo, sin vueltas ni ambigüedad, y no le hace falta ninguna. El mensaje está en el método: la película pasó dos horas argumentando que la inteligencia es una forma de fuerza, y el último plano es simplemente la factura de ese argumento.

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