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jueves, 30 de julio de 2026

Hokum (2026): Reseña y Final Explicado

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Director: Damian McCarthy Guion: Damian McCarthy Reparto: Adam Scott, Peter Coonan, David Wilmot Año: 2026

"Hokum" es la tercera pieza consecutiva en un arco que empezó pequeño y que a esta altura ya no admite disimulo. Damian McCarthy debutó en 2021 con "Caveat", una película modesta con un dominio del espacio que anunciaba a un director. Tres años después, "Oddity" confirmó ese dominio y le dio la primera plataforma grande con Shudder. "Hokum" llega en 2026 con la clase de expectativas que suelen ser peligrosas para un cineasta que ha ido escalando con precisión, y la respuesta corta es que McCarthy sobrevive al salto pero no del todo intacto. La película es buena; simplemente no llega a la altura que el hype le había marcado.

En "Hokum" seguimos a Bauman (Adam Scott), un escritor exitoso que llega a un hotel rural irlandés con dos objetivos que en la primera media hora parecen apenas conectados: terminar el último libro de una trilogía famosa que se le ha atascado en el final, y esparcir las cenizas de sus padres donde celebraron su luna de miel. Bauman es un tipo arrogante, difícil, con una capa de desprecio para casi cualquier persona que se cruza con él, y McCarthy no hace ningún esfuerzo por hacérnoslo agradable durante la primera parte de la película. Poco después de instalarse, Bauman empieza a notar que hay algo más que no se puede ver a través de las paredes del hotel y que los empleados del lugar prefieren que nadie pregunte.

Lo primero que McCarthy hace muy bien en "Hokum" es lo mismo que ya había hecho bien en "Caveat" y "Oddity": el manejo del espacio doméstico convertido en amenaza. El hotel es una construcción antigua con demasiadas puertas, demasiadas escaleras y demasiados rincones donde algo puede estar mirando sin que uno lo sepa y las leyendas y supersticiones ayudan a amplificar su presencia. Los jump scares están sembrados con oficio, no como sustos vacíos sino como parte del avance de la trama, del mismo modo en que operaban en "Oddity". La diferencia es de escala: donde "Oddity" concentraba casi todo su terror en la casa remodelada, "Hokum" lo dispersa por un edificio mucho mayor, y esa amplitud le juega parcialmente en contra en la primera mitad. Le cuesta arrancar.

01 / 02El hotel irlandés como personaje: espacios que McCarthy convierte en amenaza.

La construcción del protagonista es probablemente lo más interesante del film. Bauman es un personaje al que en principio uno no quiere seguir por dos horas; es antipático desde su primera aparición y la película no hace nada por suavizarlo. Y sin embargo dos decisiones lo van rescatando. La primera es que Bauman, aún dentro de su arrogancia, interviene en situaciones de injusticia cuando las encuentra, un gesto pequeño que no compensa el resto de su comportamiento pero que empieza a sugerir que hay algo más ahí. La segunda es que uno intuye desde temprano que su antipatía es respuesta a algo específico, no un rasgo gratuito, y la película acumula esa intuición hasta pagarla en el último tercio. Scott sostiene esa doblez con precisión: el desprecio funciona en superficie mientras algo más se filtra por los bordes.

El sub-género en el que "Hokum" se inserta es el del hotel embrujado con folk horror irlandés como respiración de fondo, una tradición que va desde "The Shining" hasta trabajos más recientes como "The Innkeepers" pero que aquí se cruza con el peso religioso y supersticioso del folk horror europeo. McCarthy no oculta las referencias, como la suite nupcial clausurada, la bruja del rumor local o el edificio como archivo de culpas ajenas, pero las combina de una manera que se siente propia. Como en "Oddity", el objeto sobrenatural termina siendo instrumento dentro de una estructura moral más amplia, no el fin en sí mismo. La bruja no es el enigma de "Hokum" sino su mecanismo de balance.

02 / 02Adam Scott sostiene a Bauman con la doblez precisa que el personaje pide.

Donde el film pierde puntos es en dos decisiones estructurales. La primera es de ritmo: la introducción de personajes y situaciones se siente algo desorganizada en la primera mitad, con demasiada información que no encuentra su lugar hasta que la trama arranca. La segunda es más grave y ocurre en el último acto. La película había cerrado el arco de redención de su protagonista con la fuerza necesaria, y entonces añade una escena final que intenta abrir la posibilidad de que todo haya sido una alucinación. El problema es que la propia película deja evidencia física de lo contrario en el cuerpo del protagonista, y esa contradicción no se lee como ambigüedad deliberada sino como una necesidad de dejar una puerta abierta que "Hokum" no necesitaba. Es el tipo de gesto que le quita al desenlace más de lo que le añade.

Los fanáticos del horror atmosférico y quienes hayan seguido a McCarthy desde "Caveat" y "Oddity" van a encontrar en "Hokum" una entrada más ambiciosa pero también más desigual. Los que llegan buscando la precisión geométrica de "Oddity" quizás salgan con la sensación de que McCarthy escaló su ambición más rápido que su capacidad de contenerla. Y los que llegan sin conocer al director van a ver una película sólida de horror con un excelente trabajo actoral y un tema de fondo, la culpa como moneda de cambio, que se aguanta bien en pie por su cuenta.

Rating: 7/10


Final Explicado (Spoilers a continuación)

El eje moral de "Hokum" es la culpa, y McCarthy la reparte entre tres personajes que la cargan de maneras distintas. El primero es Jerry, un hombre local, que años atrás mató a su esposa cuando ella estaba terminalmente enferma y sufriendo. Fue un acto de compasión y Jerry incluso ha tenido una visión posterior en la que su esposa le agradece haberla librado del dolor, pero él sigue cargando esa muerte como culpa activa. El segundo es Bauman. Cuando la película arranca no sabemos por qué es tan desagradable como es; el último tercio lo revela: siendo niño, tomó un arma de fuego de su padre y accidentalmente disparó a su madre, matándola. Toda su personalidad adulta ha sido construida sobre esa culpa nunca procesada. Por eso el gesto ritual con las cenizas lee tan distinto según de quién sean: a las de su madre las esparce con cuidado, con amor, en el lugar donde ella había sido feliz; a las de su padre las tira con desdén. El tercero es Mel, un empleado del hotel, y es el único de los tres que no tiene atenuantes: mató a Fiona, una compañera de trabajo con la que había tenido una relación, porque ella quedó embarazada y él estaba casado. Escondió el cuerpo en la suite nupcial clausurada y nunca mostró remordimiento por sus actos, solo miedo a que se sepa la verdad.

La bruja del hotel es real y funciona como sistema de balance. A Bauman lo persigue hasta que él logra perdonarse a sí mismo por la muerte de su madre. A Mel se lo lleva sin negociación posible, porque su culpa no tiene compasión ni accidente detrás. Jerry, cuya culpa era técnicamente injustificada, muere en el proceso a manos de Mel cuando intenta ayudar a Bauman a encontrar a Fiona. La revelación de que Fiona estaba en la suite nupcial, asesinada por Mel, es el pago de la trama de misterio; el pago del arco de Bauman es su capacidad de alcanzar el perdón propio por una acción fatal, pero completamente accidental.

El único elemento del cierre que traiciona esa arquitectura es la escena que sugiere que Bauman habría ingerido una droga en algún momento de su estancia y que la experiencia con la bruja podría haber sido inducida. La película deja marcas físicas en su cuerpo, las cadenas de la bruja, que descartan esa lectura, y por eso la ambigüedad final no llega a instalarse: los hechos ya la desmintieron. Es probable que McCarthy quisiera dejar una puerta abierta al escepticismo del espectador, pero la puerta ya estaba clavada por lo que la película misma había mostrado.

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