Director: Nia DaCosta Guion: Alex Garland Reparto: Ralph Fiennes, Alfie Williams, Jack O'Connell Año: 2026
Vi esta película con expectativas altas. Múltiples sitios la ubicaban entre lo mejor del año y después de terminarla honestamente me pregunto qué película vieron los que la recomendaron con tanta convicción. No está ni cerca. Es, sin exagerar, mi decepción del año. Y una parte importante de esa decepción viene precisamente del contraste entre la película que esperaba y la película que la franquicia se decidió a entregar.
En "28 Years Later: The Bone Temple" seguimos dos líneas paralelas. Por un lado al doctor Kelson (Ralph Fiennes), que continúa trabajando con Samson, el zombie que ya vimos en "28 Years Later", extrayendo teorías sobre el virus a partir de él. Por el otro seguimos a los Jimmys, ese culto con ropa deportiva de colores que aparecía brevemente al final de la entrega anterior, liderados por Sir Jimmy Crystal (Jack O'Connell), un hombre que se autoproclama el hijo escogido de Old Nick, o sea, Satanás. Spike (Alfie Williams), el protagonista del film previo, termina cruzándose con los Jimmys y sin más opción se integra al grupo, y a través de él observamos toda la dinámica interna del culto.
El primer problema estructural es la relación de la película con sus zombies. La saga que arranca con "28 Days Later" (2002) y sigue con "28 Weeks Later" (2007) y "28 Years Later" (2025) siempre se sostuvo sobre los infectados como amenaza central, sobre esa opresión constante de un mundo colapsado por criaturas rápidas y sin remordimiento. Aquí los zombies casi no aparecen, y cuando aparecen se sienten como recordatorio de universo, no como amenaza real. Toda la carga de peligro recae sobre el culto, sobre humanos matando y torturando en nombre de Old Nick, y ese cambio de eje simplemente no funciona. El horror pierde su temperatura.
El culto tampoco se sostiene desde adentro. El líder no es carismático, y desde muy temprano queda claro que todo lo que predica es invento suyo, algo que además la película nunca disimula. Cuesta creer que estos jóvenes lo sigan con la devoción absoluta que el guion nos pide aceptar. Es una dinámica que "Midsommar" (2019) o "The Sacrament" (2013) trabajaban con mucha más precisión: en esas películas el líder resulta magnético, y el espectador entiende por qué la gente cae. Aquí no. Sir Jimmy Crystal es transparente, sus supuestas visiones se ven artificiales, y el guion nunca resuelve la disonancia. Una de sus llamadas caridades incluye desollar a una persona viva, y aun así el grupo no logra transmitir tanta opresión como una sola manada de infectados corriendo por un valle.
La línea del doctor Kelson tampoco tiene la recompensa que uno esperaría después de acompañarlo durante tantas escenas. Su arco con Samson culmina en una resolución que no me convenció y que no justifica el peso emocional que la película intenta cargar sobre esa relación. Hay, eso sí, una secuencia cerca del final donde Kelson aparece disfrazado como si fuese el mismísimo diablo, montando todo un espectáculo teatral, y visualmente es la mejor escena del film. Divertida, absurda, memorable. El problema es que no aporta absolutamente nada a la trama; se puede recortar sin que nada cambie. Ese es el síntoma del guion: hay ideas sueltas pero ninguna conectada al arco general.
Técnicamente la película se defiende en varios momentos. La actuación de Ralph Fiennes es lo que sostiene el film entero, y hay tres o cuatro escenas rescatables desde el aspecto audiovisual. Pero como propuesta general "The Bone Temple" pierde de vista lo que hacía funcionar a su franquicia. Los que llegan buscando el horror de infectados que definió a la saga, los que esperaban una continuación natural de "28 Years Later", los que valoran esta franquicia como una de las mejores tradiciones del horror post-apocalíptico contemporáneo, van a sentirse igual de decepcionados que yo. Los que estén abiertos a un cambio de tono radical, a un horror de culto en un universo post-viral, quizás encuentren algo que rescatar. A mí me pareció un bajón considerable de calidad.
Rating: 4/10
Final Explicado (Spoilers a continuación)
Los dos caminos de la película, el del doctor Kelson y el del culto de los Jimmys, terminan cruzándose cerca del final. Cuando Spike se encuentra con los Jimmys y es forzado a integrarse, Sir Jimmy Crystal lo utiliza como pieza en su farsa, y ahí es cuando Kelson aparece haciéndose pasar por Satanás. La escena está montada como un espectáculo teatral, con Kelson entrando disfrazado en medio del ritual del culto y hablando a través del "hijo escogido" como si él mismo fuera Old Nick. Kelson, ya dentro del ritual, reconoce a Spike entre los Jimmys y decide no seguir el juego de Crystal. Ese quiebre le cuesta la vida: Crystal mata a Kelson en el acto, y Spike responde asesinando a Crystal. Los Jimmys restantes, sin líder, terminan volteándose unos contra otros hasta que sólo sobreviven Spike y Jimmy Ink (Erin Kellyman), quienes salen juntos del ritual.
La resolución del arco del doctor Kelson con Samson llega en paralelo. Kelson ha estado usando morfina y otras terapias para calmar la agresividad del zombie mientras intentaba acceder a lo que aún quedaba de él por dentro, y en el último acto la película deja claro que ese trabajo dio frutos: Kelson logra conectar con los recuerdos y con la conciencia residual de Samson a través de esos tratamientos. El problema no es que el resultado sea inverosímil dentro del universo, es que la película lo confirma con demasiada claridad. Habría funcionado con más peso dejando esa conexión abierta a interpretación, como un logro parcial e incierto en lugar de una respuesta cerrada.
Spike y Jimmy Ink terminan siendo los únicos sobrevivientes entre los Jimmys, cargados con lo que vieron y con lo que Spike aprendió de Kelson durante el film. La película los deja en posición de continuidad narrativa para una tercera entrega, algo que se anticipa desde la estructura y que "The Bone Temple" confirma con su ritmo. Es un cierre que funciona más como puente que como conclusión, y el problema es que el puente sostiene poco peso propio: la película se ve como intermedio, como capítulo obligado antes de la resolución real, y esa condición de tránsito se siente en cada escena.

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