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jueves, 3 de septiembre de 2026

The Ugly Stepsister (2025): Reseña y Final Explicado

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Director: Emilie Blichfeldt Guion: Emilie Blichfeldt Reparto: Lea Myren, Thea Sofie Loch Næss, Ane Dahl Torp, Flo Fagerli, Isac Calmroth Año: 2025

Los cuentos de hadas se han reescrito muchas veces desde el ángulo feminista, pero pocos lo han hecho con la brutalidad física con la que Emilie Blichfeldt lo hace en "The Ugly Stepsister", su debut como directora y guionista. La premisa suena simple: contar Cenicienta desde la perspectiva de una de las hermanastras. La ejecución es cualquier cosa menos simple. Blichfeldt convierte la fábula infantil en un tratado sobre el precio literal de intentar cumplir con un ideal de belleza que nunca fue diseñado para uno, y lo hace sin apartar la cámara cuando el precio se cobra en carne y sangre. Es también un ejercicio de reencuadre: al ponernos del lado de la villana tradicional, la película nos obliga a preguntarnos por qué la considerábamos villana en primer lugar.

En "The Ugly Stepsister" seguimos a Elvira (Lea Myren), una joven que sueña despierta con enamorar al príncipe Julian, autor de los libros románticos que la han obsesionado desde niña. Su madre Rebekka (Ane Dahl Torp) se casa con un viudo adinerado del reino con la promesa de ascenso social para las dos familias, pero cuando el hombre muere poco después de la boda queda claro que la promesa era mutua y ninguno de los dos lados tenía nada. Rebekka pierde la poca herencia que había traído consigo por tecnicismos legales, y de golpe la única salida económica para su familia es que Elvira consiga casarse con el príncipe. Elvira acepta la carga con una determinación que empieza como esperanza y se va convirtiendo, procedimiento a procedimiento, en algo mucho más oscuro.

El sub-género en el que "The Ugly Stepsister" se inscribe es el body horror con carga de crítica social, la misma línea que Coralie Fargeat trabajó con "The Substance" y que Julia Ducournau viene explorando desde "Raw" (2016) hasta "Titane" (2021). Blichfeldt dialoga con esa tradición pero le añade dos capas propias. La primera es el marco de época: la película transcurre en un pasado indefinido, con vestuario, escenografía y música que la ubican en un mundo pre-industrial y levemente fantasioso, y ese distanciamiento temporal es lo que le permite decir con más fuerza que el problema no es contemporáneo, es constitutivo. La segunda es el diálogo directo con Angela Carter y su tradición de reimaginar cuentos clásicos desde el horror, lineage al que también pertenece "The Company of Wolves" (1984) de Neil Jordan. Blichfeldt le añade lo que Carter no siempre pudo: el cuerpo como campo de batalla explícito.

Lo primero que impresiona técnicamente es la construcción del mundo. La fotografía combina una paleta cálida y ricamente saturada para las escenas de fantasía romántica que Elvira imagina, con luz cruda y clínica para los procedimientos que ella misma se somete. El diseño de sonido acompaña esa dualidad: la partitura orquestal habita las secuencias de baile y salón, y desaparece por completo en los momentos donde solo importa el sonido del cuerpo. El vestuario, además de auténtico al período, está trabajado como armadura, como constricción, como algo que la protagonista habita más que lleva. Todos estos elementos convergen en un tono que se siente controlado sin nunca parecer académico.

01 / 02La fotografía alterna paleta cálida y saturada para la fantasía romántica con luz clínica cruda para los procedimientos que Elvira se somete.

Lea Myren carga la película sobre los hombros y hace un trabajo que va a ser difícil de olvidar. Elvira empieza siendo un personaje al que uno se ríe con cariño, casi tierno en su ingenuidad, y termina siendo alguien de quien uno no puede apartar la mirada por razones muy distintas. Myren trabaja el arco con una precisión rara para un debut: cada modificación física que Elvira decide someterse va acompañada de un pequeño ajuste en cómo el personaje se relaciona con el mundo, hasta que el propio mundo empieza a leerla como la había leído siempre y ella deja de reconocer eso como problema. Alrededor de ella, Ane Dahl Torp construye a la madre Rebekka como el verdadero motor moral del film, y Thea Sofie Loch Næss como Agnes cumple con reencuadrar todo lo que uno creía saber sobre Cenicienta.

02 / 02Lea Myren construye a Elvira con una precisión rara para un debut: cada modificación física ajusta cómo el personaje se relaciona con el mundo.

Lo que "The Ugly Stepsister" argumenta con más claridad es que el príncipe no vale lo que se le está pagando. Blichfeldt tiene el instinto de mostrarnos al príncipe Julian en su cotidianidad, y lo que vemos es un hombre absolutamente anodino, sin virtudes particulares, sin encanto, cuya única cualidad relevante es su posición. La película le dedica a esa observación tanto tiempo como a las mutilaciones de Elvira, y no es un accidente. El horror del film no está en las cosas que Elvira se hace a sí misma; está en que se las hace por alguien que ni siquiera merece esas cosas, y en que el sistema entero que la empuja hacia esas decisiones opera sin cuestionarse el objetivo.

Un reparo que la película invita es de ritmo. Blichfeldt se toma su tiempo, construye los personajes con paciencia, y no acelera hacia el horror hasta que la trama emocional ha hecho el trabajo previo. Quienes lleguen esperando body horror desde el primer acto van a percibir la primera hora larga como un drama con acentos extraños; el horror explícito llega en el último tercio y llega con fuerza. Para el espectador que valora la construcción antes que el impacto inmediato, esa paciencia es lo que hace que el impacto pese cuando llega. Para el espectador que busca eficiencia visceral, esa misma paciencia puede ser frustrante.

Los fanáticos del body horror moderno, y sobre todo quienes disfrutaron de "The Substance", van a encontrar en "The Ugly Stepsister" una pieza complementaria que trabaja la misma tesis desde un ángulo distinto: el de época en vez del contemporáneo, el de fábula en vez del ambiente de industria del entretenimiento. Blichfeldt debuta con la clase de película que no permite verse dos veces sin cambiar la primera impresión, y que redefine lo que uno creía saber sobre un cuento que se cuenta desde hace siglos. Un debut así, en cualquier año, sería una sorpresa; en 2025 es de las noticias más interesantes que ha dado el horror europeo.

Rating: 8/10


Final Explicado (Spoilers a continuación)

La verdadera tesis de "The Ugly Stepsister" está en la figura de Rebekka. La madre es el motor de todo lo que ocurre en la película, aunque casi nunca aparece como una villana en sentido convencional. Rebekka no odia a sus hijas, no las agrede directamente, y sin embargo es ella quien las convierte a las tres en piezas de negociación económica. A Elvira le exige que se transforme en un objeto vendible; a Agnes, la hija del difunto marido, la excluye del mercado matrimonial y la trata como sirvienta porque no le sirve a su plan; y a Alma, su otra hija biológica, la considera desde el principio material perdido porque no la ve capaz de casarse bien. Cada mutilación que Elvira se realiza es una decisión propia en apariencia, pero el marco en el que se toma es un marco que Rebekka construyó con paciencia durante toda la infancia de sus hijas. La violencia física visible es la de Elvira contra sí misma; la violencia estructural invisible es la de la madre contra todas.

Las modificaciones que Elvira acumula tienen una progresión deliberada. Empieza con la reconstrucción de la nariz, un procedimiento que ya en su ejecución es más brutal que cualquier operación estética moderna equivalente. Sigue con la ingestión de un parásito para bajar de peso, que la película trata como si fuera una prescripción médica de la época y que gradualmente se convierte en la escena visualmente más insoportable del film cuando el parásito, ya adulto y enorme, tiene que ser extraído del cuerpo. Se cose pestañas de otra procedencia a los propios párpados. Y al final, cuando el príncipe recorre el reino con el zapato buscando a quien le calce, Elvira se corta partes del pie para forzar el ajuste. Cada uno de estos pasos amplifica la crítica: el ideal al que se está intentando llegar no admite reajustes cosméticos, exige reingeniería total del cuerpo, y ese es exactamente el punto que la película quiere que uno vea.

La reinterpretación de Cenicienta que Blichfeldt propone no es simplemente ponernos del lado de la hermanastra. Es demostrar que la historia siempre trató del mismo problema, solo que contada desde el ángulo que hacía más cómodo el mensaje. Agnes queda con el príncipe al final, sí, pero la película deja claro que Agnes también fue víctima del mismo sistema, que su servidumbre y su exclusión no ocurrieron porque ella fuera humilde y buena sino porque Rebekka la borró estratégicamente. La versión Disney nos hizo creer que la bondad triunfa; la versión Blichfeldt argumenta que en este sistema no triunfa nadie, y que a quien vemos triunfar la película le está guardando también la misma trampa un poco más adelante.

El gesto final más devastador de la película es el que Rebekka se reserva a sí misma. Fracasado el plan de casar a Elvira con el príncipe, sin herencia, sin marido y con hijas que ya no puede colocar en el mercado matrimonial, la madre asume ella misma el rol que le había estado exigiendo al mercado que hiciera con sus hijas: sostener la casa con el cuerpo. Rebekka empieza a operar como prostituta, cobrando favores sexuales por el dinero que la familia necesita para sobrevivir. Ese plano cierra el argumento entero: la madre no estaba interviniendo en la vida de sus hijas por amor mal encaminado, estaba operando un negocio, y cuando el producto principal no se vendió en el mercado ideal ella se ofreció a sí misma como reemplazo. El horror del cuento de hadas revisado no es solo el precio que Elvira paga; es que la misma administradora del sistema termina siendo pagada por el sistema con la misma moneda que exigía a sus hijas.

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