Director: Adrian Chiarella Guion: Adrian Chiarella Reparto: Joe Bird, Stacy Clausen, Mia Wasikowska, Nicholas Hope, Tyallah Bullock, Ewen Leslie Año: 2026
Hay una diferencia enorme entre una película que trata la homosexualidad como amenaza y una película que retrata a un mundo que la trata así, y "Leviticus" entiende esa diferencia mejor que casi todo el horror religioso reciente. La premisa se sostiene sobre la idea de que ser gay es algo peligroso, pero esa idea nunca es la del film: es la del pueblo. Adrian Chiarella coloca la cámara del lado de dos muchachos que son víctimas de una comunidad que no los entiende y que ha decidido que lo que ellos son está mal. Esa distinción, que suena obvia escrita, es exactamente donde este sub-género suele fracasar.
En "Leviticus" seguimos a Naim (Joe Bird), un adolescente gay que se muda con su familia a un pueblo pequeño. Allí conoce a Ryan (Stacy Clausen), y lo que empieza como una amistad va subiendo de tono hasta convertirse en una relación que los dos tienen que mantener en secreto. El pueblo es profundamente cristiano y está anclado a su religión de una forma que no deja espacio para negociar: la homosexualidad no es algo que se tolere con incomodidad, es algo que se considera directamente malo. Toda la primera parte del film funciona sobre esa presión, sobre lo que cuesta sostener una relación que el lugar donde vives ha decidido tratar como una falla.
El sub-género es el horror religioso de pueblo cerrado, y la comparación que va a perseguir a esta película es "It Follows" (2014), porque también hay una entidad que persigue sin descanso y con la que no se puede razonar. Los paralelos existen y son visibles, pero las dos películas están hablando de cosas distintas: en "It Follows" la amenaza viaja por el contacto sexual y funciona como metáfora de la transmisión, mientras que acá el mecanismo lo activa la comunidad, no el deseo. Lo que persigue a estos muchachos no es la consecuencia de haberse acostado con alguien; es la consecuencia de que alguien decidiera curarlos. Ese cambio de origen cambia por completo la tesis, y es lo que impide que "Leviticus" sea el eco de la película con la que la van a comparar.
La idea central del film, y su mejor decisión, es la forma que la entidad elige. No aparece como un monstruo ni como una figura anónima: aparece con la cara de la persona que cada uno de ellos más quiere. Naim la ve como Ryan y Ryan la ve como Naim, y el objetivo no es matarlos rápido sino separarlos, hacer que cada uno le tenga miedo al otro. Es una idea cruel y muy bien pensada, porque convierte al afecto en el vehículo del terror y le da a la amenaza un propósito que coincide exactamente con lo que el pueblo quería desde el principio. Los efectos son pocos, pero cuando aparecen son creíbles y están al servicio de eso.
Y ahí está la lectura que sostiene todo el film: la entidad es la sociedad. No necesita atacar para hacer daño, porque su verdadero poder es la vigilancia. Está siempre ahí, mirando, esperando, recordándoles que no existe un momento en el que puedan bajar la guardia. Es exactamente lo que el pueblo hace con ellos: no los golpea todos los días, los observa todos los días. La amenaza permanente de que algo les va a pasar por ser quienes son resulta más agotadora que cualquier agresión concreta, y Chiarella convierte esa sensación en una figura que camina detrás de ellos sin ninguna prisa.
Las actuaciones están bien sin llegar a deslumbrar, y el elenco cumple con lo que el guion pide, con Mia Wasikowska aportando peso en el entorno familiar de Naim. Pero el acierto de casting y de dirección está en otra parte: los tres personajes homosexuales del film se presentan como muchachos normales. Chiarella no los empuja hacia la caricatura ni hacia el estereotipo afeminado que este tipo de cine todavía usa como atajo. Son simplemente hombres jóvenes a los que les gustan otros hombres jóvenes, y esa normalidad hace mucho más incómodo, y mucho más eficaz, el juicio que el pueblo les impone.
Donde la película se queda corta es en el horror. Yo esperaba más, y el film se pone tímido justo cuando podría apretar: hay tramos en los que la amenaza se siente administrada con demasiada prudencia, y algunos momentos en los que el ritmo baja, aunque eso último es mínimo y el resto del metraje se mueve bien. Cuando decide traer el horror lo trae bien, y ahí está la frustración: uno sale con la sensación de que había más película disponible en ese registro.
Los que valoran el horror que usa el género para hablar de algo concreto, y los que quieran ver la mejor variación reciente sobre la entidad que persigue, van a encontrar acá una de las películas más interesantes del año. Los que busquen horror intenso y sostenido van a notar la contención. A mí me pareció una película con una idea de fondo excelente, ejecutada con más inteligencia que ferocidad, y con un final que le da un peso que no esperaba.
Rating: 8/10
Final Explicado (Spoilers a continuación)
El mecanismo que desata todo no es sobrenatural, es humano. Naim descubre que Ryan mantiene además una relación con otro muchacho del pueblo, Hunter, y reacciona como reacciona un adolescente herido: lo cuenta. Se lo cuenta a los padres de Hunter, y el padre de Hunter resulta ser el predicador de la iglesia. La consecuencia es inmediata: a los muchachos los llevan ante un sacerdote que les practica una especie de exorcismo, una ceremonia destinada a sacarles la homosexualidad de encima.
Lo que la ceremonia consigue es lo contrario de lo que pretendía. No les quita nada; les abre una puerta. Desde ese momento la entidad empieza a perseguirlos, y por un tiempo consigue lo que busca: los dos empiezan a temerse mutuamente, y esa desconfianza hace más daño que cualquier ataque.
Buscan salidas durante buena parte del film y no encuentran ninguna. Lo que Naim y Ryan terminan haciendo es aceptar que van a seguir siendo perseguidos, y decidir que van a cargar con eso juntos. También deciden irse del pueblo, porque entienden que en ese lugar no hay ninguna versión de su vida que sea vivible.
El plano final es el que le da la fuerza a todo. Van los dos en un autobús saliendo del pueblo. Naim mira por la ventana y ve a Ryan de pie en un campo, mirándolo, y sabemos que es la entidad porque el Ryan real está sentado a su lado. Naim la mira, y después simplemente mira hacia otro lado.
Ese gesto es la tesis del film, y conviene ser preciso, porque no es una victoria ni es una rendición. Naim no vence a la entidad y tampoco se libra de ella: acepta que va a estar siempre ahí, igual que acepta que la sociedad que la representa no va a cambiar, y decide no gastar la vida peleando contra algo que no se puede vencer. Pero tampoco entrega lo único que le estaban pidiendo, que era dejar de ser quien es. Se queda con su identidad y se queda con la persecución, sabiendo exactamente lo que eso le va a costar. Mirar hacia otro lado no es negación: es la decisión de vivir con la amenaza a la vista, con plena conciencia del precio. Eso la vuelve algo más que una historia de fantasmas.

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